lunes, 20 de agosto de 2012

Desconocer el uso de las nuevas tecnologías ¿es estar fuera del mundo?



Nos encontramos en una nueva era de las comunicaciones que da lugar a un cambio en la concepción de la enseñanza: se pasa de la instrucción a la construcción de conocimientos, de la enseñanza centrada en el docente al aprendizaje centrado en el alumno, del profesor-transmisor al profesor-facilitador.



Nuestros alumnos no sólo acceden a las redes sociales, sino que tienen un dominio perfecto del conocimiento tecnológico. Ellos son los niños que tuvieron  la tecnología  a su alcance desde muy pequeños, son los nativos digitales. Nos quejamos porque no leen, porque su atención se dispersa frente a un texto lineal, sin embargo, ellos realizan otro tipo de lecturas. Es esta situación la que nos desconcierta, nos moviliza, realmente entendemos que estamos en desventaja frente a sus conocimientos. Pareciera ser que el rol se invirtió y son ellos los que nos acompañan en la construcción del conocimiento, esto nos lleva a replantearnos  nuestro rol como docentes frente al uso de la tecnología, ya que “la computadora no debe ser usada como un reemplazo de la tiza, el lápiz y el pizarrón para traspasar información” [1]. Así, muchos recaen en la falsa idea de que la han incorporado a la enseñanza pero sólo aparecen como un nuevo ropaje que  recubre al método tradicional y no como una real explotación de las oportunidades que nos otorgaría crear una relación dialéctica entre ambos: libros y computadoras, tecnología y lápices.

El docente debe estar involucrado e interactuar con la tecnología y las redes sociales, el mundo virtual es el presente. La mediatización de los diferentes aspectos de la vida cotidiana es cada vez más evidente, no solo se reduce a un trabajo específico para el aula, sino un nuevo modo de relacionarse y desarrollar nuestras habilidades interpersonales.

El uso de la tecnología genera miedo en muchos docentes y  para ello es necesario formarse, los colegios deberían mandar  (tal vez la expresión suene un tanto autoritaria) o al menos facilitar a sus docentes el acceso a la formación en las nuevas tecnologías. Tal vez, no debería recaer todo el peso de la formación docente en este campo en las instituciones educativas; debería considerarse también que muchos docentes  oponen resistencia, lo cual condiciona el uso de los nuevos dispositivos. Sabemos también que  los peligros que hay en la red generan temor, es por ello que es sumamente necesaria la formación: nadie puede dar, enseñar o compartir lo que no tiene; el conocimiento es el arma del saber.

 Debemos utilizar las nuevas herramientas para que los alumnos no se aburran, no en el sentido estricto de la palabra, en oposición a lo lúdico, lo divertido, sino en referencia a la necesidad presente en alumnos y docentes de acceder a un laboratorio de informática, sobre todo en las escuelas donde el plan Conectar Igualdad todavía no está implementado.  Esto permitiría al docente proponer  nuevas formas de trabajo donde todos puedan  involucrarse e intervenir. Así, por ejemplo, se podría fomentar la participación de aquellos alumnos tímidos que no lo hacen por vergüenza y, por otro lado, la figura del educador dejaría de situarse en una posición lejana para pasar a un trato online que ayudaría a comprender ciertas consignas o temáticas.

Por otro lado, este cambio en la concepción del docente conlleva ciertas pautas que el mismo debe considerar. Al mantener un intercambio con los alumnos mediante redes sociales, también se pone en juego el perfil que el educador presenta en ellas. Se transforma en una enseñanza constante en la que cada  publicación envía un mensaje que les ayuda a construir una figura de quien se halla del otro lado.

“El desafío es construir una escuela distinta con la capacidad de brindar una buena educación”



[1] Bruner, José Joaquín: Educación: Escenarios de Futuro. Nuevas Tecnologías y Sociedad de la Información Enero 2000. Pág. 26

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